PROYECTO MEDUSA

Artículo publicado en el LEVANTE – EMV el 8 de julio de 2026

JEAN_LOUIS_THEODORE_GERICAULT_-_La_Balsa_de_la_Medusa_(Museo_del_Louvre,_1818-19)
JEAN_LOUIS_THÉODORE_GÉRICAULT «La_Balsa_de_la_Medusa»(Museo del Louvre, 1818-19)
Théodore Géricault, Public domain, via Wikimedia Commons

El Centro Nacional contra la Violencia hacia las Mujeres y las Niñas para la Protección Pública (NCAPP) del Reino Unido acaba de destapar una red internacional de hombres que drogaban y violaban a mujeres de su entorno.  Tales delitos los difundían en Internet valiéndose de grupos de chats donde aconsejaban la manera segura de perpetrar las agresiones. Hasta el momento, las investigaciones que comenzaron en 2025, han identificado alrededor de 270 personas entre victimarios y víctimas. Estas últimas no eran sabedoras de la violencia que se ejercía sobre ellas por estar sedadas con drogas o alcohol. A menudo el agresor era alguien cercano y de confianza como el mismo marido o la pareja con la que mantenía una relación íntima.  Los hechos, por su dimensión y alcance, recuerdan al caso de Gisèle Pélicot y al nuevo machismo y la nueva misoginia que se difunde online. Lo más alarmante es que se trata de un patrón delictivo organizado y que casos parecidos se han identificado en otros países gracias al Proyecto Medusa que pusieron en marcha Alemania y Reino Unido en abril de 2026 con la colaboración de Europol.

No es algo esporádico o anecdótico y responde a lo que se conoce como rape culture, término que se emplea para nombrar las inercias sexistas que se ejercen sobre las mujeres de forma naturalizada y que pueden acarrear la violación e incluso el asesinato. Estos delincuentes han interiorizado la construcción cultural patriarcal que anima a cumplir el deseo sexual masculino sin considerar el consentimiento de las mujeres. Reciben una socialización de género que cosifica y desubjetiviza el cuerpo femenino, Están convencidos de que sus esposas o parejas deben permanecer a su total servicio y complacencia. Una convicción que tiene sus raíces en el contrato sexual que fundó el nuevo orden civil y político surgido a finales del siglo XVIII. De hecho, según desveló Carole Pateman, el contrato social rousseauniano llevaba implícito un hipotético acuerdo entre hombres por el que las mujeres fueron pactadas como una propiedad suya junto a los otros utensilios de la casa familiar. Y así parece perdurar en el imaginario colectivo masculino que llega hasta hoy y que normaliza el acoso y la violencia sexual contra las mujeres y las niñas.

Lo habitual es que la operación policial sea bautizada con un nombre que tenga algún vínculo con el objetivo de las pesquisas. Quizás, usar el del monstruo marino llamado medusa, sea por las serpientes que surgían de la cabeza de la Gorgona, en alusión a la proliferación de los delitos que usan las redes y a la dificultad de erradicarlos y cortar por lo sano. También podría ser que se refiera a la sacerdotisa llamada así y que Poseidón forzó y violó en el templo de Atenea profanando el lugar sacro donde moraba. En este caso aludiría al hecho de que tales agresiones sexuales se producen casi siempre en el mismo domicilio donde habita la víctima. O puede tomar el símil de aquel barco francés que naufragó en 1816 frente a la costa de Mauritania y cuyos supervivientes fueron abandonados a la deriva en la famosa “balsa de la Medusa” que inspiró al pintor Theodore Géricault y cuyo cuadro se conserva en el Louvre.

Sea así o no, de todas las alternativas me inclino por la tercera porque el término navegar casa bien en el mar y en el ciberespacio y porque aquel centenar de hombres que permanecieron hacinados días y días sin ver tierra, terminaron practicando el canibalismo y provocaron un escándalo internacional. Igualmente, el modus operandi de estos delincuentes sexuales despierta hoy horror e indignación en este caso por buscar la sumisión completa de las mujeres, dejarlas inconscientes y tratar sus cuerpos como si fueran trozos de carne inertes e intercambiables.  Es preciso comprender la magnitud de este suceso como una estrategia patriarcal que excluye del proceso civilizatorio global el derecho de las mujeres a una vida digna sin violencia. En la balsa de medusa va la humanidad entera y, por este motivo, el enfoque epistémico de género es la clave para condenar a los agresores y entender sus patrones de actuación.     

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