Artículo publicado en el LEVANTE – EMV el 11 de agosto de 2026

Nancy Roman con un modelo escala del Telescopio espacial Hubble
El primer eclipse total solar del siglo XXI se ha convertido en la cita esperada de este mes de agosto. La curiosidad es mucha y la expectación grande. Se trata de un fenómeno astronómico que en la península española pudo observarse por última vez el 30 de agosto de 1905 y que previsiblemente solo ocurrirá de nuevo en el próximo siglo, dentro de ciento cincuenta y cuatro años. Será un minuto en el que miles de personas levantarán la mirada al cielo a la espera de contemplar el llamado “anillo de diamante”, el último destello de luz antes de que la luna tape por completo al sol. Será el próximo 12 de agosto y todo apunta a que será un acontecimiento del que los medios darán seguimiento antes, durante y después. Por lo pronto no han dejado de informar de los lugares y horarios donde será más visible y de la necesidad de usar gafas homologadas para proteger la vista de cualquier tipo de quemadura irreversible en la retina.
Será todo un espectáculo que se vivirá en un ambiente festivo muy diferente al temor que despertaron eclipses de este tipo en la Antigüedad. Hoy, asombro e interés científico van de la mano, no en vano conocemos el cambio de paradigma astronómico que tuvo como figuras clave a Copérnico, Kepler y Galileo. Fue la teoría heliocéntrica la que convirtió al sol en lámpara del cosmos (lucerna mundi) dándole el lugar central sobre el que giraban los planetas. Para no faltar a la verdad, atisbos de heliocentrismo se encontraban ya en los pitagóricos, en Aristarco e Hiparco de Samos y en Hipatia de Alejandría, pero nadaban contracorriente y no fue hasta la revolución copernicana cuando el sol empezó a reconocerse como el motor del mundo, centro activo y generador de energía, iniciándose la desacralización del cosmos que rechazarían tanto la Iglesia católica como la protestante.
A esta etapa que sustituyó el geocentrismo por el heliocentrismo contribuyó el telescopio de Galileo con el que se hicieron visibles un gran número de estrellas que por sí mismo el ojo humano no hubiera podido ver. Este instrumento que potenciaba los sentidos y ampliaba la observación astronómica, fue decisivo en la ciencia moderna, aun así, “el ojo largo” de Galileo no estuvo exento de crítica y burla. A pesar de sus detractores la unión entre investigación y técnica fue abriéndose camino hasta llegar a nuestros días donde los descubrimientos científicos se valoran y validan según datos recabados mediante instrumentalización tecnológica. En la actualidad el telescopio espacial más renombrado es el Hubble que fue puesto en órbita en 1990 y que lleva el nombre de Edwin Hubble en homenaje a este astrónomo que es considerado el padre de la astronomía observacional. Y, como suele ser habitual en la historia hegemónica de la ciencia, se dejó para la trastienda a la astrónoma Nancy Grace Roman a la que se le conoce como la “madre del Hubble” por la labor determinante que tuvo en su diseño.
Y ya que estamos hablando de un eclipse total bien puede compararse con la situación de ocultamiento que padecieron astrónomas, matemáticas y filósofas que quedaron ensombrecidas y desaparecieron del relato oficial de la ciencia. Si han sido rescatadas y conocidas cada vez más, ha sido gracias a los estudios universitarios de género, a una legislación educativa que incluye conceptos de equidad e igualdad y a contenidos curriculares que reflejan la relevancia de personajes históricos femeninos en las STEM1. Puede decirse que el eclipse que las anulaba empieza a ser parcial más que total y que la visión sesgada de la ciencia ha comenzado a modificarse. Pero los procesos educativos son lentos, necesitan más tiempo y de mayores investigaciones históricas por ser una cuestión de justicia de género y de rigor académico. Todo, homologado y de fuentes fidedignas, para que la política educativa tome de referente a un sujeto pedagógico que no esconda y omita la posición teórica significativa que tuvieron los logros científicos de autoría femenina.
1 STEM. Science, Technology, Engineering, and Mathematics.