FEMINISMO Y MEMORIA DEMOCRÁTICA

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Artículo publicado en el LEVANTE – EMV el 22 de marzo de 2026

Mujeres con pancarta reivindicando el feminismo. 8 marzo de marzo de 2026

Al éxito multitudinario de la celebración del pasado 8 de marzo hay que añadir la noticia de un reconocimiento merecido y ganado a pulso. Sólo un día antes, el BOE publicaba la Resolución de 2 de marzo de 2026 por la que se declara Lugar de Memoria Democrática «Las manifestaciones feministas del 8 de marzo» junto a las consiguientes medidas de protección y difusión que «con una finalidad conmemorativa, de homenaje, didáctica y reparadora» ha de impulsar la Administración General del Estado. Esta iniciativa viene en el momento preciso en el que la virulencia misógina y la desinformación sobre qué es el feminismo, se difunde por las redes atacando las demandas igualitarias de las mujeres.  Por eso mismo, era urgente este ejercicio de memoria y reconocer el mérito del activismo feminista en los cambios políticos y sociales que son necesarios para mejorar el bienestar de la sociedad entera.

Basta recordar que no hace mucho a las mujeres se les negaban los derechos civiles y políticos más básicos y que solo podían aspirar a ser madres y esposas dependientes del padre o del marido. Cuestionar y combatir esta socialización de género fue el motor de los movimientos emancipadores feministas en el siglo XIX en EEUU y en Europa. En esos momentos el debate giraba en torno a los problemas y contradicciones que generaba la revolución industrial y el capitalismo en las diversas clases sociales, en especial entre las mujeres proletarias cuya situación era más mísera y trágica que la de las mujeres que pertenecían a clases acomodadas.  En Europa fue la socialista alemana Clara Zetkin (1854-1933), directora de la revista Die Gleicheit (Igualdad), quien el 8 de marzo de 1910, en el II Encuentro Internacional de Mujeres Socialistas celebrado en Copenhague, propuso conmemorar esa fecha como «Día Internacional de la Mujer» a fin de reivindicar los derechos laborales de las trabajadoras.

Estos precedentes históricos hay que considerarlos sobre todo cuando en 1975 fue declarado el 8 de marzo por las Naciones Unidas «Día Internacional de la Mujer». Esta vez se tomó como referencia la primera manifestación multitudinaria de obreras textiles en Nueva York, ocurrida también un 8 de marzo, pero del año 1857. Y sigue así hasta la actualidad. Visto de este modo puede parecer que sea una conmemoración instaurada desde finales del siglo pasado, con apenas medio siglo de antigüedad. Sin embargo, esta celebración reivindicativa lleva a sus espaldas una prolongada historia de resistencia en la que las mujeres tuvieron un lugar destacado reclamando el derecho a mejores salarios, a una jornada laboral más breve, a unirse en sindicatos y a rechazar el trabajo infantil.

Grupo casteller manifestación 8 marzo de marzo de 2026

 Conocer estos datos en su contexto, aporta luz para no tener lagunas de memoria que tergiversen la veracidad de los hechos. Lo más importante es que nos ofrece una mirada retrospectiva e histórica en esta época que se nutre del instante y de lo inmediato, como si todo se hubiera inventado ahora por primera vez y no hubiera un pasado que valorar y recordar. Proteger y difundir el 8M como ejemplo de la lucha por la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres, ha de servir de guía a las generaciones futuras y ha de enseñarse en las escuelas por transformar las sociedades en más justas e igualitarias. Desde aquel 8M de 1978 en el que se autorizó en España la primera manifestación feminista, hasta las multitudinarias de 2018 y 2019 y esta última de 2026, han llegado a consolidarse y tener trascendencia política. De ahí que considerar que «las manifestaciones feministas del 8 de marzo» merecen un lugar relevante en la categoría de patrimonio cultural de la memoria democrática, sea lo propio para educar en la igualdad, en la justicia de social y en los derechos humanos.

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