Masacre estética

publicado en: arte, educación, igualdad | 0

Artículo publicado en el LEVANTE – EMV el 18 de septiembre de 2026

En la programación musical de Les Arts aparece anunciada una ópera que lleva este título. Al principio desconcierta que la cirugía estética y los cánones de belleza formen parte de un libreto operístico. Es obvio que, para una gran mayoría de público lego, la ópera viene asociada a temas universales, históricos y grandilocuentes como sucedía en el barroco o en el romanticismo. Sin embargo, a este género dramático musical también llegaron las vanguardias y abordaron otros estilos tonales y otros libretos. En este caso, la composición musical es de Carles Prat y el libreto de Carlota Gut. Entre ambos tratan este tema de actualidad que cuestiona la ley del Agrado y el buscar gustar a toda costa. Son dos los personajes protagónicos, una mujer y un hombre, los que rompen con los estereotipos de género. La primera decide no depilarse, no maquillarse y mantener un aspecto corporal descuidado y desaliñado. El segundo se viste con ropa femenina, se maquilla, se pinta las uñas y se somete a todo tipo de retoques en los labios y en el cuerpo para compartir su imagen en redes y hacerse viral.

La necesidad de contar con la validación de los demás funciona como hilo conductor del drama. Y es cierto que la tiranía estética se extiende cada vez más entre varones y mucho más si buscan modelos no normativos, pero son sobre todo las mujeres las que interiorizan el mandato implícito de gustar a la mirada del otro para ser queridas y apreciadas. Es a ellas a las que la publicidad en fechas señaladas, como el 14 de febrero, les vende un nuevo tratamiento de cuidado para la piel, un perfume o un nuevo maquillaje. Son ellas las que han aprendido a mirarse a partir de cómo les miran los varones. Son ellas sobre todo las que han de ajustarse a un modelo estético corporal que las haga deseables. Si rompen con el estereotipo reciben toda clase de insultos, máxime si ostentan algún cargo de poder o una posición social destacada. Todavía se recuerda la impertinencia de Silvio Berlusconi cuando se refirió al trasero de Angela Merkel de manera tan grosera y vergonzosa que resulta irreproducible.

Mette Frederiksen
Christian Ursilva, CC BY-SA 4.0 https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0, via Wikimedia Commons
Mette Frederiksen by Christian Ursilva

Si esto fue hace años, hoy no parece haber variado mucho la situación, incluso se ha reforzado con la impunidad que ofrecen las redes a los discursos de odio. Recientemente la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, mostró su hartazgo por los mensajes que le sugieren que se arregle la nariz o se ponga bótox. De hecho, los comentarios sexistas que reciben las mujeres que se dedican a la política y a otras profesiones están al orden del día. El Centro Danés de Información sobre Género, Igualdad y Diversidad, en su informe de 2025, deja patente que el 40 % de las mujeres encuestadas ha recibido comentarios no deseados sobre su aspecto físico o forma de vestir, frente a un 12 % de los hombres. Lo penoso es que, si esto ocurre en Dinamarca, uno de los países más avanzados en igualdad, poco cabe esperar de otros que no lo están. Razón de más para hacer hincapié en lo importante que es poner límiste y educar la mirada para no cosificar los cuerpos ni reducirlos a un mero objeto de deseo. Y esta cuestión es tanto estética como ética.

Compartir